Los niños
del Kili Centre proceden de zonas rurales muy pobres y con muchos
problemas. Algunos niños han tenido que mendigar para sobrevivir,
otros han sufrido el abandono de sus padres, otros son huérfanos
de padre y madre. Los abuelos no tienen medios económicos para sustentarlos
y acuden a los centros de acogida para dejar a los niños.
Las historias son muy tristes pero lo son más cuando los niños
llegan a las calles de Moshi y Arusha donde
pueden caer fácilmente en la droga y la prostitución o unirse
a pandillas que se dedican a malvivir, robar y mendigar.
De ahí la importancia de acoger a estos niños antes de que
lleguen a las calles. En el Kili Centre se les da la oportunidad de escolarizarse
o, en el futuro, de asistir a talleres ocupacionales. A muchos de ellos
les gusta ir al colegio y se les apoya con clases extra-escolares para ponerles
al día.
En el Kili Centre viven como en familia, acudiendo a los colegios y guarderías
locales. Según van llegando de sus clases al centro, se cambian el
uniforme y cogen su plato de comida, ahora siempre abundante en el Kili
Centre.
Por la tarde hacen sus faenas, ayudan en el huerto o en la cocina, se lavan
la ropa, juegan, acuden a clases de apoyo escolar, participan en las clases
de baile, tambores y teatro.
En definitiva, todos comentan la felicidad que sienten por sentirse seguros
y queridos.
Al menos una o dos veces al año voluntarios de Tierra de Amani viajan a Tanzania y conviven con los niños y el personal del Centro Kilimanjaro. Se comprueba el buen avance del centro y se buscan maneras de poner en marcha nuevos proyectos. El hermanamiento con todos los que viven en la casa-hogar es siempre enriquecedor, y anima a los voluntarios a seguir trabajando por los niños una vez de vuelta en Europa.
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